5 de Diciembre y el vicio de seguir bailando

5 de Diciembre y el vicio de seguir bailando
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Bailar puede ser una estrategia, un gusto, una tortura (porque los conozco), libertad, reconocimiento, el poder infinito de volar y para los más afortunados, una familia adoptiva donde juegas a ser estrella. Por eso 5 de Diciembre, va más allá de la oportunidad de danzar, consiste en una escuela curiosa donde aprendes a vivir con música folklórica de fondo.

Este Conjunto Danzario es la cara artística de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, el recordatorio de que nuestra Casa de Altos Estudios es plural, infinita, cultural y moderna. Muchas universidades del mundo se aquilatan por estos proyectos extracurriculares, que otorgan distinción a los claustros y consolidan su imagen de formadoras de hombres; no solo de fábricas de profesionales.

Después de un año de montaje y preparación del espectáculo Aztlán, que obtuvo Gran premio Nacional en el apartado de Folklore Latinoamericano en el Festival Nacional de Artistas Aficionados, el Conjunto Danzario 5 de Diciembre participó en la Gala por el Aniversario 40 de la Empresa de Construcción de Obras Industriales número 6, que tuvo lugar en el teatro Tomás Terry de Cienfuegos.

Los guerreros de Aztlán volvieron a robar corazones desde el escenario, esta vez en uno de los teatros más importantes de Cuba por su valor patrimonial y cultural. Al espectáculo mexicano, se sumó el desempeño de las “habaneras” universitarias, ataviadas de los mayores encantos: la interpretación de sus rostros y la técnica de los cuerpos.

Esta excusa maravillosa permitió cerrar un año exitoso “con los pies sobre el viento”, estar juntos otra vez y conjurar esa magia única de venir de todas las carreras, de hablar de números, letras, circuitos y edificios (o asentir con la cabeza cuando no tienes ni idea).

Cada generación tiene su encanto, y sin arrogancia, muchas de las que pasaron por el teatro universitario se agenciaron Grandes Premios. Todas llevan sangre caliente, fuerza, regaños como en las familias, tristezas, nostalgias y el orgullo de pertenecer a la Universidad de una manera especial, (casi como un medio básico del teatro por las horas de ensayo).

Los que dejamos la timidez en esas tablas las sentimos nuestras, nos perdemos en las lunetas y levitamos, imbuidos de una esencia compartida, de un sentido raro y caudillo del arte. Esta familia siempre está abierta, así que si te gusta bailar pasa uno de estos días por el teatro, a eso de las seis y media, porque a esa hora nos burlamos de lo cotidiano y empezamos a bailar.

Por: Merly Rodríguez Domínguez